domingo, 19 de octubre de 2008

NECESITO SER TOCADA





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El sentido del tacto es el primero que desarrolla el ser humano. Cuando somos tan sólo un pequeño feto de tres meses en el vientre de nuestras madres ya somos capaces de mover la cabeza hacia un estímulo táctil, por ejemplo un simple pelo. El contacto, la caricia, es una necesidad básica, tan importante para el desarrollo como los alimentos, la ropa y la protección de la intemperie.

El contacto físico es la forma de comunicación más íntima e intensa del ser humano. Desde las tiernas caricias de una madre, hasta la bofetada en un rostro. Amor o dolor. Según algunos estudios, hasta los más insignificantes contactos físicos tienen notables efectos. (Por ejemplo, las camareras que tocan la mano o el hombro de los clientes al traerles el cambio suelen recibir más propina).

Al contacto se le atribuye desde la antigüedad de poderes curativos. Existen escritos hallados en China de hace 3.000 años en los que ya se hace referencia al masaje como método de curación. Los estudios demuestran que las caricias, además de proporcionar una sensación placentera, tienen efectos beneficiosos para la salud. En los departamentos de neonatología los bebés son acariciados regularmente para que sus facultades no se vean mermadas y se ha observado un menor índice de mortalidad en los hospitales, en aquellos bebés que han recibido caricias de una forma continuada.

El contacto con el otro nos hace sentir que no estamos solos en este mundo, que estamos conectados, comunicados y de una forma u otra , amados.

De niños generalmente el contacto se produce de una forma natural, espontánea. Conforme vamos creciendo y “educándonos” en las correcciones sociales, el tacto se ve relegado a un segundo plano, como hermano pobre del resto de los sentidos. Incluso en el plano sexual, lugar donde el tacto podría explayarse a sus anchas, reducimos este sentido muchas veces a la mínima expresión, a un simple trámite para llegar a un objetivo.

¿A cuántas personas has tocado de forma consciente en la última semana? ¿A cuántas has abrazado, acariciado, besado, más allá del mero formulismo? ¿Por cuántas te has dejado amar, acariciar? ¿A cuántas te gustaría quizá haber abrazado y no lo has hecho? ¿Te gustaría recibir un abrazo, una caricia ahora mismo?

La sociedad nos tiene más encorsetados de lo que creemos. Nos ha robado la espontaneidad en el trato con los otros. Nos ha restado calidez. Nos ha robado cariño. Nos dejó la vergüenza. Nos dice cómo, cuando y con quién debemos relacionarnos. Nos dice cómo, cuándo y a quién podemos o no tocar.

A mí , mi vergüenza que es mucha, cada día me pesa más. Y la ternura, mi ternura, desea sentirse libre y desea acariciar. Acariciar y por supuesto ser acariciada.
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3 comentarios:

Zafferano dijo...

Pues vente a mi clase, que verás tú todo lo que te tocan. Codazos, pisotones, empujones... delicioso!

Besos lindura!

Amy dijo...

Me parece que son veinte los abrazos que necesitas recibir al día para desarrollarte en plenitud en tu relación con el mundo y contigo mismo, cachis...viente...cachis otra vez.

Nanny Ogg dijo...

No me puedo quejar yo de abrazos. El husband y la niña me los dan y muy a menudo. Pero conozco esa sed de contacto, de abrazos y de caricias.

Deja a un lado las vergüenzas y libera tu ternura...

Besos